Se me fue otra semana, se nos fue, pasó. Entramos en otoño y un día hasta llovió. Tengo el día telegráfico y catastrófico pero alguna cosa hay que contar porque la semana pasada, la que se fue, la que no es, algunas cositas pasaron en la librería que me adoptó.
Pasó, por ejemplo, que hicimos cambio de escaparate. Bueno, lo hizo como siempre Susana, la amiga arquitecta que diseñó el espacio que habito, la que tiene unas manitas y una creatividad incesante y...; y yo le puse los libros y a última hora cambié y saqué a la noche la poesía completa de Alejandra Pizarnik que no se ve en la foto.
Pasó, también, que llegaron libritos nuevos y no tan nuevos y todos tan bonitos y tan buenos, tan apetecibles y tan tiernos. Libros de ensayo como la reedición de "Los mecanismos psíquicos del poder" de Judith Butler y el recién salido "Tecnoheroínas: identidades femeninas en la ciencia ficción cinematográfica" de Jimena Escudero Pérez. Libros de poesía como "Alicia volátil" de Sofía Rhei. Libros de narrativa africana, todos los que pudimos para ir al SILA. Y esa fue otra, porque allí estuvimos y habrá que contarlo, aunque será otro día.Y, pasó, además y sobre todo, que el jueves tuvimos, como estaba anunciado, un coloquio sobre el Manifiesto Contra-Sexual, de Beatriz Preciado, a cargo del profesor de la ULL (Universidad de La Laguna, especifico para los menos cercanos) José Antonio Ramos Arteaga. ¡Y qué presentación hizo!Probablemente hoy no sea el mejor día para contarlo, pero lo cierto es que la conferencia de Jose me emocionó intelectual y vitalmente. La explicación del contexto académico, socioeconómico, lingüístico, feminista, que hizo el profesor Ramos me dejó totalmente entusiasmada.Gracias a su disertación recordé mis mejores años en la Universidad. Gracias a sus respuestas al público evoqué los momentos en que amaba el discurso de mis profesores. Gracias a lo que dijo me acosté, ese día sí, sintiendo que había aprendido no una, sino millones de cosas nuevas.
Y sin embargo recordar el jueves me da rabia. Porque la grabadora se me estropeó y no tuve reflejos para avisar a alguna persona amiga. Y me quedé sin recoger la voz ni la imagen del coloquio (fotos sí, que Virginia hizo, y ya las verán cuando me lleguen) y me molesta el error por lo que se perdieron quienes no pudieron asistir, por lo que ya no volveré a escuchar. Pero tal vez esté bien porque la oratoria, como la música, se da en el tiempo y deviene, así, como pasó la semana que mal les cuento.
Total, queridas e idos, que hicimos cositas, que pretendemos seguir haciéndolas, y que si se dan será gracias a ustedes. Siempre. Y que aquí corto ya, que no doy para más, y es hora de comer. Así que ¡hasta más ver!

